Precioso. Un aplauso por la música, joder... ¡VIVA!
25/11/2010
22/10/2010
Vean y comparen
Por
Mohorte
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No soy un gran seguidor de Kings of Leon. He de reconocer que su primer disco no está mal y que el último tiene pinta de ser un truño considerable. Me dice mucho más su evolución estética. Es el caso paradigmático de cómo la industria del mainstream atrapa y transforma a los grupos, despojándolos de toda personalidad y convirtiéndolos en marionetas vendediscos para el gran y analfabeto público musical. Un ejemplo.
Kings of Leon antes:
Kings of Leon hoy:
La noche y el día.
Lectura recomendada | Kings of Leon - Come Around Sundown: que les aproveche (Hipersónica)
Kings of Leon antes:
Kings of Leon hoy:
La noche y el día.
Lectura recomendada | Kings of Leon - Come Around Sundown: que les aproveche (Hipersónica)
02/10/2010
Esta noche me voy a bailar...
Por
Eduardo Lázaro
1 comentarios
Y díganme, ¿qué caminos hay que seguir en la vida para pasar de ésto...
...a ésto otro?
Víctor Coyote dixit...
Sí, es el mismo. Y sí, siempre será mejor que escuchar a Chenoa, por ejemplo.
...a ésto otro?
Víctor Coyote dixit...
Sí, es el mismo. Y sí, siempre será mejor que escuchar a Chenoa, por ejemplo.
30/09/2010
"Quinquis de los 80" en el Centro de Historia de Zaragoza
Por
Eduardo Lázaro
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Con una denominación directa y cuasi provocadora se estrena en Zaragoza esta exposición que recorre el trazado que dibujaron, en la convulsa década de los 80, aquellos alegres bandoleros de barrio armados de una guitarra y numerosas historias de la calle por contar.
Rumba directa y desgarradora. Paro, droga y delincuencia como modo de vida en los siempre conflictivos barrios periféricos de extrarradio. Transeúntes y prostitutas. Navajeros y hombres cabales. Una extraña mezcla potencialmente explosiva. La muestra se estructura del siguiente modo:
Hasta el 21 de Noviembre, en el Centro de Historia de Zaragoza (Plaza de San Agustín 2), se vuelve a transitar por el panorama musical de unos tiempos revueltos que a pocos dejan indiferentes y que también tuvieron sus brillantes exponentes en Zaragoza.
Rumba directa y desgarradora. Paro, droga y delincuencia como modo de vida en los siempre conflictivos barrios periféricos de extrarradio. Transeúntes y prostitutas. Navajeros y hombres cabales. Una extraña mezcla potencialmente explosiva. La muestra se estructura del siguiente modo:
- Los barrios de los 70: se pusieron en marcha planes de urgencia social cuyos resultados urbanísticos fueron de pésima calidad. La crisis y el paro los convirtieron en territorio germinal del quinqui.
- Nuevas formas de ocio: se presentan los elementos de evasión del estilo de vida adolescente.
- Vía límite: en 1975 un 25% de la población mayor de 14 años queda excluida del sistema educativo, irrumpe la heroína y hay un clima de alarma social.
- Quinqui Stars: la presencia de los jóvenes delincuentes en los medios de comunicación es clave para entender su iconización.
- El reformatorio: ante la falta de plazas especiales muchos ingresaban en las prisiones de adultos.
- Desde las azoteas veo la ciudad: superpoblación, escasez de recursos, ¿motines?
- La pervivencia del mito: la pervivencia que este fenómeno ha tenido después de su auge y del final trágico de muchos de sus protagonistas.
Hasta el 21 de Noviembre, en el Centro de Historia de Zaragoza (Plaza de San Agustín 2), se vuelve a transitar por el panorama musical de unos tiempos revueltos que a pocos dejan indiferentes y que también tuvieron sus brillantes exponentes en Zaragoza.

Artículo a 30-09-2010 en Heraldo de Aragón. Pulsar para ampliar y leer.
28/09/2010
La Verbena como concepto
Por
Eduardo Lázaro
1 comentarios
No hace mucho tiempo, al llegar la época estival, fuera pueblo grande o pequeño, florecían esplendorosas las llamadas verbenas veraniegas y las (sagradas para muchos) fiestas patronales. Todos conocemos cómo funciona el asunto; bien en la Plaza Mayor, bien en el pabellón municipal o en cualquier otro lugar emblemático del medio rural surgían esas convulsas reuniones de vecinos (y forasteros) presididas por la música, el baile asincrónico y el contagioso brindar de copazos exaltados de confraternidad ciudadana.
De acuerdo, el último verano acaba de firmar su finiquito, pero por más que lo intento no puedo dejar de pensar cómo ha involucionado el asunto verbenístico hasta conformar la distopía que he podido presenciar durante estos últimos años.
Vaya por delante que para muchos, la verbena de pueblo, siempre será la ofrenda pagana por antonomasia en honor del más exacerbado garrulismo, ínclito huésped de la fiesta. Pero para mí, que tantas noches épicas de fiesta descontrolada he vivido de verbena en verbena, me resulta duro echar la vista atrás y recordar que ayer lo pasábamos bien; y hoy no.
Jamás diré que las verbenas se hayan distinguido por la excelencia en su acompañamiento musical. Las discomóviles siempre han sido fórmulas baratas de crear ambiente dejando la parte fundamental, el sonido, en manos de gente que bien podía tener cultural musical o directamente tener una ausencia total de esta sensibilidad. Aun así, ayer, con cuatro copas en el cuerpo (que siempre han sido más), en ese éxtasis de cachondeo alcohólico sonaban Raffaella Carrà, La Lambada, Georgie Dann y demás fauna veraniega que quisieras o no te hacían moverte presa del embrujo etílico. Pura caspa sí, pero sonreías y bailabas preso de un ritmo pegadizo, una letra que entraba en tu sistema nervioso y no la olvidabas desde junio hasta septiembre y el personal, por lo general, reía consciente de que esa bazofia estaba construída para el aquí y ahora, para bailarla sonrientes mientras durara el “pelotazo”.
Los años pasaron y a ese repertorio de Georgie Dann y compañía se unió el efervescente género de los rompecaderas de ritmos calientes como fueron Raúl, Marcos Llunas, David Civera, Paulina Rubio, Azúcar Moreno, Ricky Martin, Chayanne y similares. Además, la mezcla se aderezaba con ese influjo latino que año tras año nos invadía mediante los Caribe Mix, Ibiza Mix y demás mixes de turno. No hace falta que nombre canciones como “El venao”, “Quiero montarme en tu velero” o la “Bomba” de King África. La cosa apestaba, pero seguíamos felices porque éramos conscientes de que bailábamos ritmos satíricos que en cuanto los rayos de sol dejasen de apretar desaparecerían tal como vinieron. Ni una sola de estas canciones sobreviviría a un Octubre depresor. Y, por eso, bailábamos despreocupados cualquiera de estas heces musicales.
Pero hete aquí, que con la proliferación de los ritmos electrónicos y el influjo makinero mal entendido comienza a aflorar un subgénero dentro de la propia verbena que se apodera de todo. A finales del S.XX y principios del XXI, el mainstream da a luz gente como Eiffel 65, Gigi D’Agostino, los imperecederos Safri Duo y un amplio helenco de sucedáneos de productores y Dj’s que llenan las pistas de baile de ritmos endiablados que a duras penas ligan con las Rosarillos, Civeras y Ricky Martins que habían sonado escasos minutos antes. Voces enlatadas, sonidos contundentes y mezclas imposibles van calando hondo entre la muchachada.
Pues bien, el paso de los años y lo visto en cada uno de ellos, me conduce a pensar que las discográficas, asombradas por la acogida de esta Pachanga 2.0, han volatilizado de un plumazo la tradición de la canción del verano. Ahora es cosa de nostálgicos, algo digno de estudiar como esa gente que todavía se traga Eurovisión. Aquella canción pegadiza, virulenta, repetitiva, sudorosa, trasnochada y rabiosamente contagiosa ha muerto a favor de eso que han ido a bautizar como Jaus. Y digo Jaus porque, sinceramente, poco o nada tiene que ver lo que nos venden como tal con el House de verdad que nació allá por los alegres 80 en Chicago.
Y esto es lo más triste; cuando un género cosecha notable éxito, camina irremediablemente hacia la más estremecedora banalización mezclando conceptos, convenciendo a la plebe a fuerza de exponerlos a ese condicionamiento operante tan de hoy en día y haciéndoles creer que lo bueno es tal porque lo dice el iluminado de turno.
Señores, despierten, ayer escuchábamos mierda y éramos conscientes de ello. Lo asumíamos y disfrutábamos algo tan intrínseco del verano. Hoy, esa basura, la misma mugre, sale más rentable disfrazándola con fines serios, confundiendo a la gente y diciéndoles que lo que escuchan este verano será igual de válido en noviembre o en febrero porque se sustenta en una calidad inventada e imposible de cuantificar porque directamente no hay patrón con lo que comparar, de eso se encargan ellos. Las modas, tristemente, son así. Esa mierda que antes tragábamos en agosto es más rentable si se come a dos carrillos durante
Y desaparecieron la risa y el buenrollismo; y desde hace años reinan las mandíbulas crujidas, las pupilas dilatadas y la mirada perdida. En la verbena de tu pueblo, en la carpa de tu ciudad o en el jardín de tu vecino. Es lo que interesa, el rebaño babeante. Ellos manejan los hilos…
P.D. Corran a sacar las entradas para el ¿concierto? de David Guetta. Imagino que nadie se parará a pensar si ver a un tío pinchando CD’s vale lo que cuesta, es más importante no ser el bicho raro y antisocial de estos próximos Pilares 2010. Se tercia capital seguir a la oveja que bala más fuerte.
De acuerdo, el último verano acaba de firmar su finiquito, pero por más que lo intento no puedo dejar de pensar cómo ha involucionado el asunto verbenístico hasta conformar la distopía que he podido presenciar durante estos últimos años.
Vaya por delante que para muchos, la verbena de pueblo, siempre será la ofrenda pagana por antonomasia en honor del más exacerbado garrulismo, ínclito huésped de la fiesta. Pero para mí, que tantas noches épicas de fiesta descontrolada he vivido de verbena en verbena, me resulta duro echar la vista atrás y recordar que ayer lo pasábamos bien; y hoy no.
Jamás diré que las verbenas se hayan distinguido por la excelencia en su acompañamiento musical. Las discomóviles siempre han sido fórmulas baratas de crear ambiente dejando la parte fundamental, el sonido, en manos de gente que bien podía tener cultural musical o directamente tener una ausencia total de esta sensibilidad. Aun así, ayer, con cuatro copas en el cuerpo (que siempre han sido más), en ese éxtasis de cachondeo alcohólico sonaban Raffaella Carrà, La Lambada, Georgie Dann y demás fauna veraniega que quisieras o no te hacían moverte presa del embrujo etílico. Pura caspa sí, pero sonreías y bailabas preso de un ritmo pegadizo, una letra que entraba en tu sistema nervioso y no la olvidabas desde junio hasta septiembre y el personal, por lo general, reía consciente de que esa bazofia estaba construída para el aquí y ahora, para bailarla sonrientes mientras durara el “pelotazo”.
Los años pasaron y a ese repertorio de Georgie Dann y compañía se unió el efervescente género de los rompecaderas de ritmos calientes como fueron Raúl, Marcos Llunas, David Civera, Paulina Rubio, Azúcar Moreno, Ricky Martin, Chayanne y similares. Además, la mezcla se aderezaba con ese influjo latino que año tras año nos invadía mediante los Caribe Mix, Ibiza Mix y demás mixes de turno. No hace falta que nombre canciones como “El venao”, “Quiero montarme en tu velero” o la “Bomba” de King África. La cosa apestaba, pero seguíamos felices porque éramos conscientes de que bailábamos ritmos satíricos que en cuanto los rayos de sol dejasen de apretar desaparecerían tal como vinieron. Ni una sola de estas canciones sobreviviría a un Octubre depresor. Y, por eso, bailábamos despreocupados cualquiera de estas heces musicales.Pero hete aquí, que con la proliferación de los ritmos electrónicos y el influjo makinero mal entendido comienza a aflorar un subgénero dentro de la propia verbena que se apodera de todo. A finales del S.XX y principios del XXI, el mainstream da a luz gente como Eiffel 65, Gigi D’Agostino, los imperecederos Safri Duo y un amplio helenco de sucedáneos de productores y Dj’s que llenan las pistas de baile de ritmos endiablados que a duras penas ligan con las Rosarillos, Civeras y Ricky Martins que habían sonado escasos minutos antes. Voces enlatadas, sonidos contundentes y mezclas imposibles van calando hondo entre la muchachada.
Pues bien, el paso de los años y lo visto en cada uno de ellos, me conduce a pensar que las discográficas, asombradas por la acogida de esta Pachanga 2.0, han volatilizado de un plumazo la tradición de la canción del verano. Ahora es cosa de nostálgicos, algo digno de estudiar como esa gente que todavía se traga Eurovisión. Aquella canción pegadiza, virulenta, repetitiva, sudorosa, trasnochada y rabiosamente contagiosa ha muerto a favor de eso que han ido a bautizar como Jaus. Y digo Jaus porque, sinceramente, poco o nada tiene que ver lo que nos venden como tal con el House de verdad que nació allá por los alegres 80 en Chicago.
Y esto es lo más triste; cuando un género cosecha notable éxito, camina irremediablemente hacia la más estremecedora banalización mezclando conceptos, convenciendo a la plebe a fuerza de exponerlos a ese condicionamiento operante tan de hoy en día y haciéndoles creer que lo bueno es tal porque lo dice el iluminado de turno.
Señores, despierten, ayer escuchábamos mierda y éramos conscientes de ello. Lo asumíamos y disfrutábamos algo tan intrínseco del verano. Hoy, esa basura, la misma mugre, sale más rentable disfrazándola con fines serios, confundiendo a la gente y diciéndoles que lo que escuchan este verano será igual de válido en noviembre o en febrero porque se sustenta en una calidad inventada e imposible de cuantificar porque directamente no hay patrón con lo que comparar, de eso se encargan ellos. Las modas, tristemente, son así. Esa mierda que antes tragábamos en agosto es más rentable si se come a dos carrillos duranteY desaparecieron la risa y el buenrollismo; y desde hace años reinan las mandíbulas crujidas, las pupilas dilatadas y la mirada perdida. En la verbena de tu pueblo, en la carpa de tu ciudad o en el jardín de tu vecino. Es lo que interesa, el rebaño babeante. Ellos manejan los hilos…
P.D. Corran a sacar las entradas para el ¿concierto? de David Guetta. Imagino que nadie se parará a pensar si ver a un tío pinchando CD’s vale lo que cuesta, es más importante no ser el bicho raro y antisocial de estos próximos Pilares 2010. Se tercia capital seguir a la oveja que bala más fuerte.
23/09/2010
El acordeón gitano-rumano, éxito del verano
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Mohorte
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Seguro que han oído hablar de los gitanos rumanos. Sí, esos, los de Sarkozy. Aquí en España tenemos unos cuantos y son fácilmente identificables porque son exactamente iguales a nuestros gitanos de toda la vida exceptuando que no están en constante efervescencia folklórica.
Ni utilizan la jota en todas las expresiones conocidas.
Ni, algunos, llegan a ser Lola Flores.
Ni, otros, viven del cuento de la farándula. Ni... Esto, lo dejo. ¿Notan eso? En efecto, el siguiente paso era decir ni piden un euro inocentemente por la calle.
Mierda.
Al tema. Seguro que alguna vez se habrán cruzado con algún gitano rumano por la calle. Llevan sombrero, de piel tiznada, están siempre sonriendo y se acompañan por un acordeón donde tocan melodías esquizofrénicas. Habitualmente hay otro callado, delgado y de pelo rapado que toca el contrabajo espasmódicamente, pero esa es otra historia. El asunto es que ese acordeón ha llegado a las discotecas.
Stereo Love se llama la criatura, y sus padres son un tal Edward Maya y una tal Vika Jigulina. Y ahora podría hacer un chiste sobre el aspecto patéticamente coixetiano del primero o de las hostias que se debió llevar la segunda en el colegio con ese nombre. Pero no lo haré. Como tampoco haré jocosa mención de las casas típicamente rumanas que aparecen en el videoclip.
Mierda. Otra vez.
En efecto, los co-creadores de Stereo Love son rumanos. Hablando de rumanos, ¿se acuerdan de O-Zone? Quizá el nombre no les diga gran cosa, pero esto sí:
¡Si hasta los Morancos hicieron una versión de ésto con el legendario "marica tú, marica yo"! Con los O-Zone te reías. Los escuchabas, decías, menuda mierda, y te descojonabas. Porque su finalidad era esa, ser tan patéticamente comerciales y mediocres que te rieras de ellos, sin ningún tipo de intelectualidad pretenciosa. Pachanga de toda la vida.
¿Qué podemos esperar ahora de Rumanía que ya no podemos reírnos ni de/con su música? Porque Stereo Love no da ni para reírse.
¿Lo perciben? Sí. He estado a esto de caer en el más tentador racismo humorístico.
A mí Stereo Love me recuerda al amigo Manulescu, gitano rumano, tocando en mi restaurante favorito durante una cena romántica, intentándose ganarse la vida como buenamente puede, el hombre, con su acordeón. A buen seguro que a muchos de ustedes le parecerá un pelma. Pues bien, ¿si no lo permiten durante su cena, por qué lo hacen en su noche de excesos etílicos?
Simplemente digan no al acordeón rumano.
Ni utilizan la jota en todas las expresiones conocidas.
Ni, algunos, llegan a ser Lola Flores.
Ni, otros, viven del cuento de la farándula. Ni... Esto, lo dejo. ¿Notan eso? En efecto, el siguiente paso era decir ni piden un euro inocentemente por la calle.
Mierda.
Al tema. Seguro que alguna vez se habrán cruzado con algún gitano rumano por la calle. Llevan sombrero, de piel tiznada, están siempre sonriendo y se acompañan por un acordeón donde tocan melodías esquizofrénicas. Habitualmente hay otro callado, delgado y de pelo rapado que toca el contrabajo espasmódicamente, pero esa es otra historia. El asunto es que ese acordeón ha llegado a las discotecas.
Stereo Love se llama la criatura, y sus padres son un tal Edward Maya y una tal Vika Jigulina. Y ahora podría hacer un chiste sobre el aspecto patéticamente coixetiano del primero o de las hostias que se debió llevar la segunda en el colegio con ese nombre. Pero no lo haré. Como tampoco haré jocosa mención de las casas típicamente rumanas que aparecen en el videoclip.
Mierda. Otra vez.
En efecto, los co-creadores de Stereo Love son rumanos. Hablando de rumanos, ¿se acuerdan de O-Zone? Quizá el nombre no les diga gran cosa, pero esto sí:
¡Si hasta los Morancos hicieron una versión de ésto con el legendario "marica tú, marica yo"! Con los O-Zone te reías. Los escuchabas, decías, menuda mierda, y te descojonabas. Porque su finalidad era esa, ser tan patéticamente comerciales y mediocres que te rieras de ellos, sin ningún tipo de intelectualidad pretenciosa. Pachanga de toda la vida.
¿Qué podemos esperar ahora de Rumanía que ya no podemos reírnos ni de/con su música? Porque Stereo Love no da ni para reírse.
¿Lo perciben? Sí. He estado a esto de caer en el más tentador racismo humorístico.
A mí Stereo Love me recuerda al amigo Manulescu, gitano rumano, tocando en mi restaurante favorito durante una cena romántica, intentándose ganarse la vida como buenamente puede, el hombre, con su acordeón. A buen seguro que a muchos de ustedes le parecerá un pelma. Pues bien, ¿si no lo permiten durante su cena, por qué lo hacen en su noche de excesos etílicos?
Simplemente digan no al acordeón rumano.
21/09/2010
Sick of love, tendencias suicidas
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Mohorte
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La verdad es que no veía mejor canción para estrenarme aquí. Sick Of Love, de un tal Robert Ramírez, representa todo aquello detestable del panorama musical de hoy: efímera como el verano, de quita y pon, insultante en el fondo y la forma, con una letra genérica y con los arreglos habituales de la electrónica pachanguera.
Investigando un poco sobre el tipo en cuestión se descubre que es francés por lo que cabe lamentarse de que no permaneciera en el siempre odioso vecino del norte: nos envían sus problemas, los jodíos. Al parecer ha estado durante mucho tiempo haciendo la música de UPA Dance, Los Serrano o Los Hombres de Paco. Notables avales.
El martirio comienza con un sintetizador imitando torpemente otro gran éxito como el I Gotta A Feeling de los Black Eyed Peas y progresivamente deja entrar la voz, por decir algo, filtrada mil y una veces en la mesa de producción de Robert Ramírez. Canta como si estuviera escupiendo, siguiendo la estela de ilustres cantantes nacionales como Dani Martín. En el punto álgido estalla: lo hace torpemente, sin pizca de fuerza, con un estribillo pegadizo hablando de las estupideces habituales, volar, bailar, azúcar, superman, y no se qué gilipolleces más.
Todo tan insultantemente comercial, tan previsible, que cuesta entender porqué gusta tanto... O quizá no tanto.
Ha sido la revelación del verano y sonará largo y tendido en otoño e invierno: la nueva ponzoña estival no conoce límites, y lo que antes se limitaba a los días de sudor y pachanga en las discotecas ahora se alarga hasta el crudo frío, porque a estas alturas de siglo las tragaderas del personal son harto profundas.
El videoclip es el típico para estas situaciones: tía buena que actúa mal, tío mazao que la quiere mucho y está muy melancólico y fiesta sin sentido con pibones varios. La primera vez, tiene un pase. Te ríes y tal. La segunda comienzas a cabrearte. Pasadas las quinientas escuchas, te induce a tendencias suicidas.
Un horror vaya. Pero ya saben, cuanto peor, más éxito tendrá. Para nuestra suerte, este tipo de música es intercambiable. El verano que viene habrá algo peor que lo sustituya.
Investigando un poco sobre el tipo en cuestión se descubre que es francés por lo que cabe lamentarse de que no permaneciera en el siempre odioso vecino del norte: nos envían sus problemas, los jodíos. Al parecer ha estado durante mucho tiempo haciendo la música de UPA Dance, Los Serrano o Los Hombres de Paco. Notables avales.
El martirio comienza con un sintetizador imitando torpemente otro gran éxito como el I Gotta A Feeling de los Black Eyed Peas y progresivamente deja entrar la voz, por decir algo, filtrada mil y una veces en la mesa de producción de Robert Ramírez. Canta como si estuviera escupiendo, siguiendo la estela de ilustres cantantes nacionales como Dani Martín. En el punto álgido estalla: lo hace torpemente, sin pizca de fuerza, con un estribillo pegadizo hablando de las estupideces habituales, volar, bailar, azúcar, superman, y no se qué gilipolleces más.
Todo tan insultantemente comercial, tan previsible, que cuesta entender porqué gusta tanto... O quizá no tanto.
Ha sido la revelación del verano y sonará largo y tendido en otoño e invierno: la nueva ponzoña estival no conoce límites, y lo que antes se limitaba a los días de sudor y pachanga en las discotecas ahora se alarga hasta el crudo frío, porque a estas alturas de siglo las tragaderas del personal son harto profundas.
El videoclip es el típico para estas situaciones: tía buena que actúa mal, tío mazao que la quiere mucho y está muy melancólico y fiesta sin sentido con pibones varios. La primera vez, tiene un pase. Te ríes y tal. La segunda comienzas a cabrearte. Pasadas las quinientas escuchas, te induce a tendencias suicidas.
Un horror vaya. Pero ya saben, cuanto peor, más éxito tendrá. Para nuestra suerte, este tipo de música es intercambiable. El verano que viene habrá algo peor que lo sustituya.
El por qué de esto
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Mohorte
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Ante lo imposible de ponernos de acuerdo, el equipo de redactores de este blog ha llegado a la conclusión de que mejor cada uno, en un párrafo, explique qué pretende hacer con esto, para que os vayáis haciendo una idea. Ahí va:
Juandi: La música amansa a las fieras. Pero hay otras que las encabronan. De una forma alarmante. Primero duele los oídos, mas tarde la cabeza y cuando te crees a salvo le dan un Grammy y la ponen en todos los garitos. Cual Sancho Panza, lucharé por que el flamenco no sea utilizado por canis y la rumba catalana huya de cantantes baratos de una fórmula conocida, pero no por ello bien imitada.
Mohorte: Hubo un tiempo en que la música que escuchaba todo el mundo era rock. De calidad. Los Kinks, los Beatles, los Who, los Stones. Gente que sabía qué se hacía, en suma. Hubo un tiempo en que se sabía diferenciar entre la mierda veraniega que no pretendía ser otra cosa más que eso y la música de calidad. Esos tiempos terminaron. Hoy se confunde lo que merece la pena con lo que se emite en las radiofórmulas. Hoy salen defensores de Lady Gaga como la nueva Madonna. Sólo por eso, ya está justificada la existencia de este blog.
Lázaro: Yo, me tiro pedos. Sí, los suelto alegremente con esa sonrisa pícara que encabrona a mis congéneres y coarta el comportamiento de los presentes ante tan asquerosa expresión de mal gusto. Usted, buenamente, pensará que soy un cerdo. ¿Por qué no hace lo mismo cuando esos pseudoartistas prefabricados que ambos conocemos sueltan sus heces vocales de manera contumaz y continuada sobre sus oídos, rostro e inteligencia? Afirmativo, lo he vuelto a hacer, me he pedido en sus narices y, probablemente, usía no haya entendido nada... pero sepa que los gases siempre preceden a cuantas veces me vaya a defecar sobre esa música-detrito que tanto triunfa y que tan mal sabor de boca genera en un amplio espectro de la población; esa misma población que cuenta con un encéfalo plurineuronal. Soltemos "lastre", pues, en la mismísima boca de los mercaderes del mainstream más virulento y comercial dando cancha al debate.
Davizo: A la espera de que el autor en cuestión decida perezosamente a escribir algo, podemos adelantar que su opinión sobre la música que aquí tratará es previsiblemente equiparable a una mierda.
Juandi: La música amansa a las fieras. Pero hay otras que las encabronan. De una forma alarmante. Primero duele los oídos, mas tarde la cabeza y cuando te crees a salvo le dan un Grammy y la ponen en todos los garitos. Cual Sancho Panza, lucharé por que el flamenco no sea utilizado por canis y la rumba catalana huya de cantantes baratos de una fórmula conocida, pero no por ello bien imitada.
Mohorte: Hubo un tiempo en que la música que escuchaba todo el mundo era rock. De calidad. Los Kinks, los Beatles, los Who, los Stones. Gente que sabía qué se hacía, en suma. Hubo un tiempo en que se sabía diferenciar entre la mierda veraniega que no pretendía ser otra cosa más que eso y la música de calidad. Esos tiempos terminaron. Hoy se confunde lo que merece la pena con lo que se emite en las radiofórmulas. Hoy salen defensores de Lady Gaga como la nueva Madonna. Sólo por eso, ya está justificada la existencia de este blog.
Lázaro: Yo, me tiro pedos. Sí, los suelto alegremente con esa sonrisa pícara que encabrona a mis congéneres y coarta el comportamiento de los presentes ante tan asquerosa expresión de mal gusto. Usted, buenamente, pensará que soy un cerdo. ¿Por qué no hace lo mismo cuando esos pseudoartistas prefabricados que ambos conocemos sueltan sus heces vocales de manera contumaz y continuada sobre sus oídos, rostro e inteligencia? Afirmativo, lo he vuelto a hacer, me he pedido en sus narices y, probablemente, usía no haya entendido nada... pero sepa que los gases siempre preceden a cuantas veces me vaya a defecar sobre esa música-detrito que tanto triunfa y que tan mal sabor de boca genera en un amplio espectro de la población; esa misma población que cuenta con un encéfalo plurineuronal. Soltemos "lastre", pues, en la mismísima boca de los mercaderes del mainstream más virulento y comercial dando cancha al debate.
Davizo: A la espera de que el autor en cuestión decida perezosamente a escribir algo, podemos adelantar que su opinión sobre la música que aquí tratará es previsiblemente equiparable a una mierda.
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